|
“Nuremberg”
– de Santiago Sanguinetti – Interpretación del propio autor y dirección de
María Dodera – En el Museo “Torres García”
El autor-intérprete encarna a un “skinhead”,
hijo de un padre autoritario y una madre dura y cruel, que fue violado
en su adolescencia y a lo largo de poco menos de una hora proclama
histéricamente su furia contra el mundo y contra los blancos
tradicionales de la extrema derecha, desde los homosexuales a los
judíos. Presuntamente espera descargar su odio irrefrenable en un
atentado contra el embajador de un país que no se nombra. Una camioneta
negra pasará a buscarlo y entretanto se entrena frenéticamente. Pero por
momentos, el duro y decidido fanático se ablanda y se transforma en un
niño asustado, que pretende ser bondadoso y “portarse bien”.
Santiago Sanguinetti actor, vestido con la indumentaria simbólica de los
grupos violentos de derecha, incluyendo botas militares y una
cuidadosamente labrada cruz gamada, realiza una labor física y
anímicamente agotadora. Alterna el duro ejercicio físico, en el que no
se da tregua con una furibunda filípica en la que despotrica contra el
orden existente, contra las sanguijuelas que chupan la sangre de los
buenos arios blancos y contra los miserables seres inferiores que
convierten el mundo en un repugnante estercolero. Su exaltación al odio
se expresa en reiterados saludos nazis con la mano levantada y el grito
desafiante “Heil Hitler”.
El trabajo histriónico de Sanguinetti es de una intensidad y una riqueza
de matices notable, y se expresa tanto en su expresiva mímica como en su
no menos expresivo lenguaje corporal.
Su labor como dramaturgo es bastante más cuestionable. Sanguinetti nos
presenta a un nazi de 1933-1939 y no un skinhead del siglo XXI. El
nombre Nuremberg constituía un gran símbolo en el apogeo del régimen
nazi pero hoy no tiene ni en Alemania ni en el mundo la significación
que tuvo en la época nazi o poco después de la guerra cuando se
celebraron los juicios a los jerarcas nazis en esa ciudad. Por lo demás,
el planteo sicológico de Sanguinetti no es suficientemente sofisticado.
Confía en la reiteración auto-hipnótica de consignas por parte del
personaje como recurso dramático sin reparar en que en lugar de
fortalecer la esquemática trama, la debilita. Pero el error esencial de
Sanguinetti como autor es hacer de su personaje un verdadero sicótico (y
no un joven aparentemente normal con algunos rasgos sicóticos) por lo
que “Nuremberg” en realidad es la exposición de una patología individual
y no de un peligroso fenómeno social.
Con ello, pese a todas las limitaciones expuestas, la apuesta común de
Sanguinetti y Dodera a una agresión espiritual sin tregua, mantiene en
vilo al espectador. Por otra parte, “Nuremberg” coloca en la atención de
la opinión pública un tema serio que exige atención y debate. Es un
mérito que cabe reconocer que se suma al fascinante ejercicio de
histrionismo de Santiago Sanguinetti, quien sin duda constituye no solo
una de las más personalidades más interesantes del teatro uruguayo del
presente sino también una de sus más serias promesas para el futuro. |